Un film, hasta el más extraordinario, es sólo un compromiso entre el arte y la industria, y no hay que sacralizarlo. Es un show, un divertimento. No es el Ulises de Joyce ni el Guernica de Picasso. Por eso, los creadores que supervaloran su arte son unos pedantes engreídos. Si tu obra no colma tus exigencias estéticas, no jodas y haz otra.
Luis García Berlanga, en sus memorias.
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En una ocasión tuve la oportunidad de realizarle una pregunta al director Álex de la Iglesia:
- Álex, ¿Berlanga o Bardem?
- Sin duda Berlanga, Bardem es mejor -seguro- pero me quedo con Berlanga.
Tras el coloquio -o soliloquio, o lo que fuera eso- que mantuvo ayer Berlanga en el Círculo de Bellas Artes, uno entiende mejor que nunca la opinión del ex alumno de Deusto.
Berlanga está mayor, conscientemente mayor, pero mantiene intacto su sentido el humor y, sobre todo, su humanidad. Precisamente esa capacidad de mantener una cierta alegría de vivir aún en los momentos más desesperados, esa melancolía fallera, esa ironía de supervivencia, es lo que -en mi opinión- diferencian sus películas de cualquier otra.
Por ello, yo también pienso que el Bardem de "Muerte de un ciclista", "Calle Mayor" o "Nunca pasa nada" es, como tantos otros, notablemente mejor director que el Berlanga más inspirado.
Sin embargo, es irremediable. Si tuviera que decir un nombre, yo también diría Berlanga.
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