La Coctelera

Categoría: Tecnología

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Juan de Pablos

Hace mucho que quería dedicarle algunas líneas a Juan de Pablos -ese locutor torpón, melancólico y definitivamente entusiasta que muchos asociaran con las noches de Radio 3- y creo haber encontrado una buena excusa para hacerlo.

Desde la adolescencia, siempre he sido un seguidor de Juan y, desde que vivo en Madrid, intento acudir a sus memorables fiestas. Incluso una vez, tras haber estado hablando con él en una de ellas, se acordó de mí (y de mi nombre) y me dedicó una canción ('Ex-fan des sixties' de Jane Birkin, por cierto).

Juan de Pablos -siempre puntual a su cita- me ha tranquilizado con sus joyas soul, me ha hecho reir con sus novelties, sonreir con sus tesoros ye-yés, vibrar con sus intérpretes dramáticos y hasta llorar con aquel alucinante programa el mismo día que se murió su madre. Pero, por encima de todo, me ha hecho descubrir muchísima música, tanto de hace décadas como de ahora, de una manera muy especial, confidente, sensible y muy alejada de la vanidad, los prejuicios y el orgullo que, irremediablemente, pueblan otros medios.

A su programa, "Flor de Pasión", le he sido fiel de manera intermitente, dependiendo de los horarios y del ánimo del momento, aunque en general intentaba no perdérmelo.

Por eso, si por algo merece la pena la tecnología es por poder escuchar en podcast (bueno, creo que técnicamente no lo es, pero da igual) "Flor de Pasión".
Desde hace algún tiempo, en flordepasion.radiotres.org se puede disfrutar a diario del programa y del listado de temas, lo cual me parece una iniciativa poco menos que formidable.

Además, hoy me acabo de enterar que Juan de Pablos -supongo que previendo el plan de prejubilación de Rtve- ha recuperado los fines de semana su antiguo programa "Ozono", más temático, ahora en Radio Extremadura.

¿Lo mejor de todo? Que existe podcast (esta vez de verdad, aunque con peor calidad de sonido) del programa.

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El diseño de interacción

Hay determinados momentos, de vez en cuando, en los que uno se para a reflexionar acerca de su profesión, de lo que hace y para lo que sirve.

Si uno es diseñador de interacción suele ser un problema explicar (y a veces explicarse) a qué se dedica. Supongo que son los problemas que conlleva una disciplina nueva.

Soy uno de los que cree en la teoría de que el diseño, como tal, es un concepto abstracto que se aplica a diferentes disciplinas. El diseño tiene principios generales, maneras de pensar comunes, pero carece de realidad hasta que no se materializa dentro de un campo.

En mi opinión, los esos campos suelen haber superado los primeros niveles de la pirámide de Maslow y requieren de una perspectiva de diseño para responder a las nuevas necesidades.

En principio, parece una diferencia cuantitativa (a lo "y ahora atacamos también este tema") pero acaba resultando, en la mayoría de los casos, cualitativa (el problema hay que atacarlo desde el concepto, relativamente alejado de la parte más técnica). Es, siempre desde mi opinión, el porqué del diseño y el porqué de ser una disciplina aparte.

Con el tiempo se han ido estableciendo los perfiles de diseño en los diferentes campos. El más consolidado es el de arquitectura dentro de la construcción, pero no es el único. Dentro de la industria textil está consolidado el diseño de moda; en las ciencias de la información, el diseño gráfico; en la ingeniería industrial, el diseño industrial...

El diseño de interacción viene a ocupar un lugar equivalente para una nueva necesidad actual dentro de la ingeniería informática. Se puede decir que la informática del siglo veinte estaba en el mismo estado que la impresión en la época de Gutemberg y que sus necesidades de diseño eran tan básicas que no se tenía demasiado en cuenta (o, lo que es peor, se aplicaba deficientemente).

Todo esto me lleva a pensar en la necesidad -en algún momento, en algún lugar- de algún tipo de formación al respecto, tal como ha pasado con el diseño aplicado a esos otros campos.

Hoy en día todo el mundo entiende perfectamente lo que es un diseñador gráfico y mucha gente tiene una idea bastante clara de lo que hace un diseñador industrial. Posiblemente ocurra también con el diseño de interacción.

Un gran paso al respecto puede ser el nacimiento de Faz. Creo que una revista es algo que puede ayudar mucho a su difusión, su divulgación y, a la larga, su consolidación. ¡Ánimo!

 

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1080 patrones de diseño

Hoy en día, es bastante habitual que -animado por la entrada de la gastronomía en el mundo de las tendencias- cualquier gafapasta de corazón sensible se lance a cocinar de manera, cuanto menos, compulsiva.

Eso, en principio, no es necesariamente malo.

Sin embargo, en muchos casos nos encontramos con una osadía que, en combinación con el desconocimiento de las más básicas normas de cocina produce unos resultados aterradores.

Algo así pasa con el diseño en general y con el diseño de interacción en particular. Que una disciplina sea creativa no significa que no tenga unas bases y unas "buenas prácticas" generales, auque sólo sea por la necesidad de romperlas.

Por eso, me parece especialmente recomendable el libro "Designing Interfaces" de Jenifer Tidwell. Algo así, como el "1080 recetas de cocina" de Simone Ortega, pero en clave interfaz.

En "Designing Interfaces", la autora -responsable del interfaz de Matlab, entre otras cosas- hace un acertado repaso a lo que podría ser la base de todo buen cocinero y que, en su contexto, viene a ser englobado con el nombre de "patrones de diseño"; que son, muy sucintamente, ese tipo de "normas" que -a base de mimetismo- un diseñador de interacción va acumulando desordenadamente en su manera de trabajar.

Muy recomendable para todos aquellos que, como yo, ansiábamos tener localizadas -por un lado- muchas de las cosas que hemos ido aprendiendo con el tiempo y -por otro- todo un buen avance de lo que el tiempo nos hará aprender.

Y por si fuera poco, tienes un estupendo resumen de los puntos más importantes del libro aquí.

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Si tú me consideras algo, yo te consideraré alguien

Últimamente tengo bastante presente a Antonio Luque, más conocido como Sr. Chinarro -el músico raro, no el de los payasos de la tele-, por varios motivos.

Uno es su último disco ("El mundo según"), el mejor en muchos años, que llevo escuchando unas cuantas semanas.

Otro es por una de sus míticas declaraciones, leída hace ya mucho tiempo pero que me hizo mucha gracia.

El indie es un imperio de papel levantado por gente pequeñita. Funciona así: Si tú me consideras compositor yo te considero periodista musical

No dejo de ver esa máxima por todos lados... De hecho, estoy empezando a plantearme seriamente las palabras del sr. Luque como una metáfora de los sistemas sociales.

Hacer crecer algo socialmente no deja de ser un círculo vicioso: "Cada cuanto más habléis de mí, más fuerte será mi voz para hablar de vosotros".

¿La calidad de la señal transmitida? Importa, claro. Existen los hypes, las decepciones y el vaporware.
Pero posiblemente, me temo, no sea el único agente en el crecimiento y el éxito de algo.

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Pandora

Hace unas semanas -gracias a la recomendación de mi buen amigo Jotapé- descubrí Pandora, una radio online personalizable según los gustos de cada usuario.

Mediante Pandora, cualquiera puede introducir los nombres de sus artistas favoritos y crear una propia emisora basada en el estilo de las canciones de esos artistas, refinándose contínuamente con la valoración personal de cada tema propuesto.

Visto así, no es muy diferente a otros sistemas Long Tail Style conocidos como Gnod, las recomendaciones de Amazon o -en cierta medida- Yahoo!Music, pero parece que la diferencia en Pandora la marca su inclusión dentro de lo que se denomina el Music Genome Project, una iniciativa que ha definido más de 400 características o "genes" para catalogar diferentes canciones.

De esa forma, mientras que Gnod, Amazon o Yahoo! se basan en mayor o menor medida en clasificaciones de filtrado colaborativo -exclusivamente basadas en la opinión del usuario-, Pandora parte de un interesante núcleo semántico -los genes- que se va perfilando según se interactúa con el sistema.

En otras palabras, si con -por ejemplo- Gnod hablamos de recorridos en un grafo de N dimensiones cuyas relaciones están en contínua modificación, con Pandora, hablamos de un mapa constante de 400 dimensiones en el cual podemos alcanzar iterativamente una posición muy precisa.

Tras probar una temporada Pandora he de reconocer que en líneas generales, y siempre sin salirse del pop anglosajón, funciona bastante bien y es capaz de acercarse mucho al gusto de un usuario tipo y sorprenderle con interesantes nuevas propuestas.

Eso lleva a pensar -de nuevo- en las ventajas e inconvenientes de las llamadas folksonomías, así como en la posibilidad de una técnica mixta.

En otras palabras, un mapa de 400 dimensiones alterable por las relaciones del conjunto de usuario del mismo modo que un grafo. Algo así como un permiso para la "evolución genética".

Por cierto, los de Pandora permiten acceder a parte de su "notación genética" mientras escuchas cada canción. En un pequeño ejercicio de ingeniería inversa he descubierto que mis 10 genes predominantes son aproximadamente:

Mild rhythmic syncopation
Major key tonality
Mixed acoustic and electric instrumentation
Repetitive melodic phrasing
Vocal-centric aesthetic
Extensive vamping
Dynamic male vocalist
Acoustic sonority
Subtle use of vocal harmony
Use of string ensemble

Por lo tanto, ya tengo respuesta al "¿y a tí qué música te gusta?".

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En todas partes hay tesoros



Todos los aspectos de la tecnología se reducen siempre a herramientas que te ayudan a expresarte. Lo único que puede salvar la música son son las ideas de las personas y la forma de utilizar sus habilidades.
Por eso a veces es interesante trabajar con un equipo electrónico y no leer el manual de instrucciones o tener que trabajar si él porque lo has perdido; entonces produces ruidos extraños que la gente que lo fabricó no buscaba. Es como un accidente o algo así; eso me parece interesante.

Jarvis Cocker

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(Breves apuntes sobre) la Web 2.0

De unos meses a esta parte, el concepto de la Web 2.0 se ha convertido en algo así como the next big thing desde perspectivas tan dispares como la tecnológica, la económica o la social.

Básicamente, la Web 2.0 trata del paso a la utilización de la Web como plataforma para el soporte de aplicaciones. Si bien esto no es nada novedoso (las burbujeantes aplicaciones web se remontan a la noche de los tiempos), sí que lo es el uso de microcontenidos y especificaciones que convierten a la Web en, tal como dice Richard MacManus, una plataforma real en la cual se puede trabajar de una manera acumulativa y colaborativa.

De ese modo, nos encontramos con una separación total entre la forma y el contenido que sugiere una “liberación de la información” y una progresiva desaparición de los conceptos de página y de site a favor del desarrollo de experiencias a través de interfaces.

Por lo tanto, la Web 2.0 estaría compuesta por servidores de una información -que no de unos datos- independiente de contexto y presentada en formato XML que podría ser accesible mediante APIs, y por interfaces que pedirían y recibirían esa información, obteniendo el producto.

Tal como sugiere Jonathan Boutelle, la Web 2.0 pertenece a la posmoderna cultura del remix, del sampler, no tanto a la de la composición. Así, el interfaz haría las funciones del DJ.

En mi opinión, este DJ podría alternar las funciones recopiladoras (interfaces contenedores, agregadores) y las remezcladoras (interfaces con información propia, derivada de otras fuentes), existiendo entre ambas funciones relacionales (interfaces interconectadas, con información coherente).

Por lo tanto, cuando intentamos generar interfaces habilidosos, más allá de meros agregadores, hemos de tener en cuenta la necesidad de una semántica.

Dejando a un lado las fascinantes propuestas de la inteligencia artificial, la información se puede dotar de cierta notación semántica desde el enfoque ontológico (microformatos, estándares), más propio de lo que se viene a llamar Web Semántica, o tagsonómico (folksonomías), muy en la línea de las teorías sobre las Redes Sociales, como la de The Long Tail.

Así, un “producto 2.0” podría ser una aplicación web que ya no sólo mostrara una determinada información con una total libertad en el interfaz, sino que la mezclara con otras fuentes y -por qué no- las interrelacionara e -incluso- lograra extraer otra información distinta a partir de las anteriores.

Esto hace necesario, desde mi punto de vista, ciertos replanteamientos en cuanto a cómo enfocar el diseño de un producto 2.0. Si bien primero se produjo una independencia del dato (sites dinámicos) y del grafismo (hojas de estilo), ahora estaríamos ante un equivalente para la información (XML) y la interacción (Ajax).

Desde luego, Ajax no es una técnica necesaria para realizar productos 2.0 pero es útil en cuanto a que consigue una separación entre la información (remota) y el comportamiento del interfaz (local).

Existen otras alternativas, como la utilización de Flash, aunque quizá éste esté más próximo a un uso de servicios web como lo haría una aplicación de escritorio y Ajax se adapte -hoy en día- mejor a la noción “web” de la Web 2.0.

En cualquier caso, el diseño de una aplicación Web 2.0 debería estar más enfocada a comportamientos, a experiencias que a un esquema de navegación. Más próximo, en definitiva, al diseño de un interfaz que al de un entorno. Pienso que se podría intuir una convergencia entre las aplicaciones de escritorio y las aplicaciones web, obteniendo la libertad de interfaz de unas y la ubicuidad de las otras, confundiendo en ocasiones los límites entre lo remoto y lo local.

En este interesante artículo, DeWitt Clinton analiza la evolución de la comunicación, desde el habla, el texto, la imprenta o la irrupción de los media hasta la situación actual, con las primeras muestras de una “web distribuida de lectura y escritura” por parte del éxtito de los blogs, las subscripciones a canales de información y los servicios web. Además, se atreve a esbozar un posible futuro, a corto plazo, más enfocado a la información multimedia, a todo tipo de interfaces (más allá de la web y el escritorio) y, a largo plazo, a la interconexión de todo tipo de conocimiento…

Web 2.0 ¿Sociedad 2.0?

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Popcasting

Uno de los grandes avances en el uso de las nuevas tecnologías por la sociedad en general y de los microcontenidos en particular se está logrando a través del podcasting en forma de suscripciones a programas de radio para una escucha asíncrona.

Muestra de ello es el muy logrado "Popcasting" de Jaime Cristóbal (miembro del grupo Souvenir). En sus, hasta el momento, seis entregas ha demostrado su -en mi opinión- interesantísima visión de la música pop.

Desde grupos de moda a viejos éxitos menores del country and western, desde blogs de mp3s a inencontrables vinilos, todo cabe en el personal eclecticismo de Popcasting.

Absolutamente recomendado.